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sábado, enero 22, 2022

Páez Vilaró le rinde un emocionado homenaje a Tigre

“Lo más importante de Tigre es su geografía humana. Más que las islas, es el abrazo de su gente.” Así resume el artista uruguayo Carlos Páez Vilaró el espíritu que anima la muestra “¡Gracias, Tigre!”, inaugurada ayer y que reúne los trabajos que realizó durante las últimas tres décadas que tuvieron a ese lugar como principal fuente de inspiración.

Pintor, ceramista, escultor, muralista, escritor, compositor y constructor de la ya mítica Casapueblo, en Punta Ballena, Páez Vilaró, de 87 años, muestra en el colorido y el trazo fuerte de sus obras, la impronta que le marcó el lugar donde también se afincó en la década del 80. Y también la temática del candombe y la comparsa afro-oriental, reflejo de sus raíces uruguayas.

Presentado por la directora del Museo de Arte Tigre (sede de la exposición), Diana Saiegh, y por el intendente de Tigre, Sergio Massa, («Esto no es gracias, Tigre; es gracias, Carlos», lo homenajeó), Páez Vilaró recordó su instalación en la zona en una vieja casa de madera (a la que añadió otra construcción, Bengala, una «escultura viviente» como la de Punta Ballena), y su amor por el lugar.

«Tigre es como una prolongación de lo que había hecho en Uruguay. No diría que es un gran final, porque soy optimista y me gustaría vivir unos cuantos años más, pero la etapa de Tigre es una que considero definitiva, en la cual, sin dejar de pensar en el amor por la gente, el abrazo con los vecinos de este lugar maravilloso, pongo toda mi polenta para ir para adelante con mis colores», dijo Páez Vilaró a LA NACION.

El artista uruguayo sostuvo que Tigre le dio inspiración para volver a pintar tras haber padecido algunos problemas de salud en los últimos años. En ese sentido, fue una suerte de terapia adicional.

«Un poco en broma y otro poco en serio, siempre digo que mirando un cuadro se cura un dolor de muelas. Creo que, en mi caso, la pintura me da deseos de vivir», apuntó Páez Vilaró, quien recordó especialmente la atención que recibió en el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, especialmente de los médicos Fernando Botto y Daniel Navia.

«Tuve la oportunidad de volver a vivir. Cuando me llevaban en camilla, vi pasar en el techo todas las escenas de los momentos felices que había vivido. Y me di cuenta de que esto era inapreciable, y que debemos tomar cada minuto para ser felices. Les debo a ellos la posibilidad de seguir creando. Toda esta obra es para ellos.»

Su admirado Pablo Picasso tenía una frase muy elocuente al respecto: «La calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo?».

-Tenía razón. Yo tuve oportunidad de conocerlo, de abrazarlo, de darme cuenta de que era un gitano como yo. El acopio de los episodios vividos, de los países tocados, como en mi caso, que tengo todavía los dolores de un casi naufragio en la Polinesia, de mi paso por el Congo, donde por poco fui fusilado en Brazzaville? eso te acompaña. Todas esas vivencias te dan fuerzas para expresarte después en las telas. Cada obra es una especie de alcancía en la cual están depositados todo esos estados de ánimo.

Finalmente, Páez Vilaró dejó un reconocimiento especial para Horacio Butler, Xul Solar y el padre Edel Torreli, también pintor. «A todos ellos les agradezco poder caminar sobre las huellas que dejaron. Ellos pasaron antes que yo por esta maravilla que es el Tigre, donde lo más importante es la geografía humana. Más que las islas, es el abrazo con la gente, la solidaridad, el hecho de poder tocar un timbre y que se abra una puerta mágicamente para atenderte, para decirte: por favor, pase… El Tigre mantiene ese señorío que sólo se hereda.»

La muestra, curada por María Dezuliani, podrá visitarse hasta el 2 de octubre, de miércoles a viernes, de 9 a 19, y los sábados, domingos y feriados, de 12 a 19. Entrada de 10 pesos (los menores de 12 años y vecinos de Tigre ingresan gratis).

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