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martes, enero 18, 2022

Después de la muerte de su hijo, decidió escribir un libro para ayudar a otros padres y hoy acompaña familias en la crianza respetuosa

Sabrina nació en La Matanza en una familia de docentes. Por eso, la lectura siempre fue parte de su vida. “Los libros eran un lugar de refugio, imaginación, viaje y esparcimiento. Era un lugar seguro y muy placentero”, recuerda la pediatra. Su pasión por la lectura y el saber la llevaron a estudiar mucho. A lo largo de su joven carrera se formó como puericultura y se especializó en porteo y BLW. “Siempre hay algo para aprender y nunca se sabe del todo, todo”, asegura.

“Escribir un libro era un sueño”, confiesa la autora de Hoy no es siempre. Guía pediátrica para una crianza respetuosa (2019, Planeta), que lleva siete y se convirtió en una consulta obligada para madres y padres. Con mucho interés en la alimentación como base para la salud, acaba de publicar Comer y criar. Guía pediátrica de alimentación saludable para toda la familia (Planeta).

Superó sus adicciones. Gracias al skate inició un proceso de sanación y creó una organización que ayuda a mujeres de todo el mundo

Foto gentileza de Ale López

Foto gentileza de Ale López

Encontrar la vocación

Sabrina quería estudiar Ingeniería en Sistemas, pero una charla con su primo, que estudiaba Medicina, la convenció de ir por otro lado. Luego, eligió pediatría, a pesar de ser la única materia que desaprobó un parcial. “La pediatría tiene muchas cosas lindas, pero no es solo trabajar con niños y con salud, también hay enfermedades”, aclara.

Ella lo vivió en carne propia. En el último año de la residencia, su primer hijo, Juan Martín, murió de una meningitis. “Yo me recibí de pediatra en un contexto triste. Había estrenado la maternidad del lado del paciente. Era muy difícil volver a los espacios donde había disfrutado durante su vida”, rememora Sabrina.

Se anotó en una subespecialización en dermatología, pero no quedó. “Son de esas cosas que tienen que pasar. En ese momento, descubrí que estaba embarazada de Lisandro, mi hijo menor. Ahí pude volver a los ámbitos de la crianza y ponerme a estudiar puericultura”, cuenta.

Foto gentileza de Ale López

Foto gentileza de Ale López (ALEJANDRA LOPEZ/)

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De pediatra a influencer

En 2018, ya alejada del ámbito hospitalario, decidió comunicar en redes lo que aprendía. “No tenía ni Instagram personal. Quería hacer un refreshing de lo que estudiaba, ponerlo en palabras sencillas, interrogantes que tenía en mi maternidad. Eran cosas nuevas que no había visto en la carrera”, relata.

Creó una comunidad que hoy tiene más de 250.000 seguidores. “Hay que hacer todo lo posible para no causar daño con lo que uno dice y comunicar de forma responsable”, aclara. Al poco tiempo, la contactaron de la editorial Planeta y le propusieron llevar lo que exponía en las redes a un libro. En pleno puerperio, escribía los capítulos mientras su hijo dormía o tomaba la teta en su regazo.

Foto gentileza de Ale López

Foto gentileza de Ale López

Escribir para recordar

El libro comienza con su relato personal. “Cuando nació Juan estuvo mucho tiempo grave y fue el primer choque. No es algo que se cuente en voz alta porque es terrible. Nadie quiere pensar que un bebé puede llegar a morir, pero lamentablemente es parte de la vida”, admite. Sabrina comparte para no olvidar y para que su experiencia pueda acompañar el proceso de duelo de otras personas, de forma más empática.

“El acompañamiento hacia nosotros no fue bueno”, explica la pediatra, que recientemente dio una charla TED (“El amor no se muere, se multiplica”) para derribar mitos sobre la donación de órganos. “Contar estas cuestiones sirve para difundir maneras más amorosas de hacer las cosas que también ayudan a que el dolor, aunque siga estando, tome otros matices. Desde el dolor se puede construir, con los tiempos que cada uno necesite”, afirma.

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Alimentación familiar

Con la convicción de que el trabajo con las infancias tiene que ser interdisciplinario, Sabrina fundó el centro Jacarandá, donde hoy trabajan más de treinta profesionales de diversas especialidades. “Yo he sido mamá de un niño que necesitó muchas terapias y profesionales. Saber que todos hablan entre ellos y tienen una misma mirada da mucha tranquilidad”, sostiene.

Apasionada por la alimentación familiar, su segundo libro la encuentra más serena y segura. “Lo que me empujó a escribir sobre estos temas es la epidemia de malnutrición que tenemos”, afirma. Se ve a una Sabrina sonriente, que corta tomates, lejos de los horarios interminables de guardia que tenía tres años atrás. “Mientras hacíamos las fotos, pensé en cómo cambió mi trabajo. Es muy lindo ver ese camino, porque todo eso soy yo. Son los vericuetos de la vida”, concluye.

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